LOS RIESGOS DEL EFECTO "BARNUM"
También suele ser útil comenzar por los aspectos más favorables para el sujeto, o menos problemáticos. Las tareas diagnósticas pueden ser vividas por el profesional con cierto temor, por la responsabilidad legal y ética que suponen. Weiner (1995), por ejemplo, señala tres reglas para evitar ese tipo de riesgos que puede ser úti1 recoger aquí:
- Ante cualquier tarea, imagina que un crítico conocedor y poco amistoso está mirando por encima de tu hombro.
- Ante cualquier cosa que digas, imagina que será tomada bajo la luz más desfavorable y utilizada en tu contra.
- Ante cualquier cosa que escribas, imagina que será leido en voz alta, de forma sarcástica, ante un tribunal.
Tener presentes estos principios puede ayudarnos a evitar el pago de indemnizaciones por responsabilidad civil. La actitud que subyace a ellos, no obstante, también entraña importantes riesgos de tipo ético. Puede parecer que lo más fácil es redactar informes poco comprometidos. Pero esa "solución" nos lleva al Efecto Barnum.
El Efecto Barnum fue descrito por Paul Mehl (1956) para referirse a aquellos informes que consisten en descripciones en las que se mezclan estereotipos, vaguedad y evasividad. Incluyen afirmaciones universalmente válidas del estilo de: el paciente experimenta ansiedad, la madre presenta una mezcla de sentimientos frente a la conducta de su hijo, el sujeto unas veces está enfadado y otras veces está contento, etc. El error se modera si cuantificamos nuestras afirmaciones o buscamos ejemplos para ilustrarlas. Desgraciadamente existe una tendencia en las personas, bastante generalizada, a aceptar los informes tipo Barnum. Esa tendencia que explica, entre otras cosas, el éxito de los horóscopos y de todas las "mancias", ha sido demostrada en numerosos estudios, sin que aparezcan diferencias entre los sexos. Una investigación relevante es la de Snyder y Newberg (1981), con 96 mujeres, estudiantes, que mostró la tendencia a aceptar con mayor facilidad las descripciones favorables, e igualmente a aceptar las descripciones procedentes de una figura de prestigio -por ejemplo, el psicólogo- aunque en ese caso no fueran favorables.
CONCLUSIONES
Después de dicho esto, mi propuesta para el Código Deontológico podría poseer el siguiente enunciado.
El Psicólogo/a tiene el deber de comunicar a su cliente la información obtenida sobre sus aspectos psicológicos durante las entrevistas diagnósticas o terapéuticas. El cliente, por su parte, tiene derecho a que se le comunique dicha información. Esta norma sólo se verá matizada por el principio de pertinencia, es decir, que debe comunicarse aquello que posea utilidad para el cliente, en un lenguaje asequible y matizando la seguridad relativa de nuestras conclusiones.
Pongamos un ejemplo. De las respuestas que nos suministra un sujeto a las láminas del Rorschach y del TAT, junto con algunos lapsus cometidos en las entrevistas, deducimos que su buena relación con su madre oculta una fuerte agresividad, que es reprimida. No parece pertinente que al final del proceso psicodiagnóstico, antes de comenzar nosotros la psicoterapia o de derivar al paciente a otro servicio o profesional, le devolvamos este descubrimiento. Eso sólo puede producir, como bien sabemos los terapeutas de orientación analítica, un aumento de las resistencias, como ocurre con todas las intervenciones "silvestres". Por otra parte, al tratarse de una conclusión muy teórica e inferencial, podemos estar equivocados en todo o en parte. Convendría saber, por ejemplo, qué aspectos de la figura materna son los que despiertan en el paciente la mayor agresividad. Eso sólo puede descubrirse en un trato más prolongado. En este momento, tal vez, lo más adecuado sea comentarle que nos parece que en ciertas ocasiones puede reaccionar con enfado ante las mujeres, preguntándole si nuestra suposición puede tener algo de verdad y si se le ocurre algún ejemplo. Si toda la devolución estuviera compuesta de enunciados de esta guisa nos encontraríamos muy cerca del Efecto Barnum. En cambio, a ese paciente le podemos haber dicho, con cierta seguridad, cómo tiende a resolver los conflictos huyendo de ellos, y señalándole algunos ejemplos tomados de su propia historia.
Considero que debemos estar entrenados para distinguir todos los niveles de inferencia y para utilizarlos en cada caso concreto, pero ordenándolos de manera jerárquica y apoyando nuestra acción en los menos elevados y más descriptivos. Ahora bien, la especulación más abstracta también puede tener un lugar en nuestro trabajo diario.
http://www.papelesdelpsicologo.es/resumen?pii=742
LA ÉTICA DE LA DEVOLUCIÓN EN EL PSICODIAGNÓSTICO CLÍNICO
Carlos Rodríguez Sutil