20 EMOTIVOS CONSEJOS PARA PAPAS CON HIJAS
jueves, 30 de octubre de 2014
martes, 28 de octubre de 2014
TRASTORNOS DE CONDUCTA
1- Introducción
Las conductas agresivas, de oposición, desobedientes o desafiantes se encuentran a menudo en la población infanto-juvenil como parte de un desarrollo evolutivo "normal". Establecer los límites en donde se debe acudir al profesional de la salud es difícil de concretar. Las pistas nos las tiene que dar la frecuencia, magnitud y perseverancia en el tiempo de la conducta en cuestión en función de la edad del niño. El hecho de que consideremos la manifestación de dicha conducta como trastorno leve (no clínico) o trastorno más severo (clínico), tiene una importancia vital ya que de ello va a depender el tipo de intervención.
Cuando los problemas de comportamiento no son considerados clínicos, la intervención psicológica se dirige a informar y asesorar a los padres (técnicas de dominio de contingencias, refuerzo, etc...) principalmente. En el trastorno clínico, el psicólogo además deberá trabajar directamente con el niño en tareas de evaluación e intervención como parte del tratamiento.
En esta sección se analizaran las características generales de los trastornos clínicos de conducta. Para ver información sobre los problemas habituales de conducta en la infancia (problemas de conducta)pulsar sobre el enlace.
Cuando los problemas de comportamiento no son considerados clínicos, la intervención psicológica se dirige a informar y asesorar a los padres (técnicas de dominio de contingencias, refuerzo, etc...) principalmente. En el trastorno clínico, el psicólogo además deberá trabajar directamente con el niño en tareas de evaluación e intervención como parte del tratamiento.
En esta sección se analizaran las características generales de los trastornos clínicos de conducta. Para ver información sobre los problemas habituales de conducta en la infancia (problemas de conducta)pulsar sobre el enlace.
2- Los primeros signos
-Los Trastornos del comportamiento son extremadamente comunes en la infancia. Del 2 al 7%, de los niños en edad escolar cumple los criterios diagnósticos de T.D.H.A.(Trastorno Déficit Atencional con Hiperactividad), o bien un trastorno de conducta.
Desde los primeros meses de vida pueden observarse en algunos casos, conductas que a la larga se podrían convertir en trastornos del comportamiento. Concretamente:
Desde los primeros meses de vida pueden observarse en algunos casos, conductas que a la larga se podrían convertir en trastornos del comportamiento. Concretamente:
3- Evolución
| Edad | Manifestaciones o signos |
| 6 a 12 meses | Algunos autores afirman que pueden aparecer ya algunas conductas parecidas a la agresión. |
| 12 a 18 meses | Pueden establecerse conductas de empujar o golpear para obtener algo. |
| 18 a 24 meses | Se empiezan a observar ya conductas que pueden ser clasificadas de hostiles o agresivas hacia otros. |
| 30 a 36 meses | Se reducen las conductas agresivas que tienen como finalidad obtener alguna cosa y en su lugar empieza a aparecer la agresividad verbal y las amenazas. |
| 36 a 48 meses | Repertorio de conductas obstinadas e intransigentes. |
| 5 a 6 años | Problemas de atención. Crueldad con los animales, comportamientos de oposición, mentiras, pequeños hurtos, etc... |
-Existen evidencias que los trastornos de conducta severos que presentan los preescolares sitúan a estos niños en un alto riesgo de presentar trastornos de conducta en edad escolar, adolescencia y edad adulta. Lo cual indica la importancia de una detección e intervención precoz.
-Según estudios epidemiológicos, la prevalencia de trastornos de conducta severos (clínicos) en la etapa preescolar se sitúa alrededor del 4 al 9% de la población.
-Según estudios epidemiológicos, la prevalencia de trastornos de conducta severos (clínicos) en la etapa preescolar se sitúa alrededor del 4 al 9% de la población.
4- Características básicas de los T.C.
-Trasgresión de las normas sociales.
-Agresividad.
-Impulsividad.
-Ausencia de sensibilidad a los sentimientos de los otros.
-Carácter manipulador.
-Permanencia en el tiempo de las conductas.
-Falta de respuesta a los premios y el castigo.
-Carácter inapropiado para su edad.
-Agresividad.
-Impulsividad.
-Ausencia de sensibilidad a los sentimientos de los otros.
-Carácter manipulador.
-Permanencia en el tiempo de las conductas.
-Falta de respuesta a los premios y el castigo.
-Carácter inapropiado para su edad.
5- Factores de mal pronóstico
-Comienzo de los T.C. a corta edad.
-Variedad, frecuencia y amplitud de los síntomas.
-Asociación con el T.D.A.H.
-Ausencia de pautas educativas en la familia.
-Nivel económico y socio-cultural desfavorecido.
-Presencia de violencia y maltratos en el entorno próximo.
-Historia de conducta delictiva en la familia.
-Variedad, frecuencia y amplitud de los síntomas.
-Asociación con el T.D.A.H.
-Ausencia de pautas educativas en la familia.
-Nivel económico y socio-cultural desfavorecido.
-Presencia de violencia y maltratos en el entorno próximo.
-Historia de conducta delictiva en la familia.
6- Etilogía
-Los Trastornos de conducta no son una entidad simple, sino el resultado de la interacción de diferentes tipos de vulnerabilidad psicobiológica y de muchos tipos diferentes de estresores ambientales.
-Desde la bioquímica se señala el problema de la autorregulación del sistema nervioso autónomo y, problemas del metabolismo de las sustancias noradrenergicas, que estarían implicadas en la manifestación de agresividad. Aún no verificado del todo, algunos investigadores apuntan a la presencia de un nivel más elevado de testosterona en los sujetos con T.C. lo que les predispondría a episodios disruptivos con mayor facilidad.
-Los factores ambientales son igualmente importantes. Los abusos y el maltrato se apuntan como factores de alto riesgo para la génesis de los T.C. Las carencias afectivas severas en la infancia apuntan hacia el mismo sentido. Finalmente señalar la influencia de los modelos inadecuados (padres delincuentes, maltratadores, alcohólicos, etc).
-Desde la bioquímica se señala el problema de la autorregulación del sistema nervioso autónomo y, problemas del metabolismo de las sustancias noradrenergicas, que estarían implicadas en la manifestación de agresividad. Aún no verificado del todo, algunos investigadores apuntan a la presencia de un nivel más elevado de testosterona en los sujetos con T.C. lo que les predispondría a episodios disruptivos con mayor facilidad.
-Los factores ambientales son igualmente importantes. Los abusos y el maltrato se apuntan como factores de alto riesgo para la génesis de los T.C. Las carencias afectivas severas en la infancia apuntan hacia el mismo sentido. Finalmente señalar la influencia de los modelos inadecuados (padres delincuentes, maltratadores, alcohólicos, etc).
7- Comorbilidad y patologías asociadas
-Los Trastornos de Conducta aparecen frecuentemente asociados a niños con T.D.A.H.
-Muchos de los niños afectados por T.C. presentan un Cociente Intelectual (C.I.) límite. Esta asociación entre T.C. y C.I. límite no sería consecuencia del fracaso escolar ya que se da a edades muy tempranas.
-Existe una alta correlación entre T.C. y problemas de aprendizaje, sobretodo en la área verbal.
-Problemas cognitivos precederían a los trastornos de la conducta.
-La disfunción del lóbulo frontal en los T.C., implicaría problemas de memoria, razonamiento abstracto y de concentración.
-Los T.C., pueden aparecer asociados con otros trastornos clínicos cómo depresión, ansiedad, retraso mental, epilepsias, trastorno bipolar y dificultades del aprendizaje en áreas específicas como lalectura, escritura o cálculo.
-Muchos de los niños afectados por T.C. presentan un Cociente Intelectual (C.I.) límite. Esta asociación entre T.C. y C.I. límite no sería consecuencia del fracaso escolar ya que se da a edades muy tempranas.
-Existe una alta correlación entre T.C. y problemas de aprendizaje, sobretodo en la área verbal.
-Problemas cognitivos precederían a los trastornos de la conducta.
-La disfunción del lóbulo frontal en los T.C., implicaría problemas de memoria, razonamiento abstracto y de concentración.
-Los T.C., pueden aparecer asociados con otros trastornos clínicos cómo depresión, ansiedad, retraso mental, epilepsias, trastorno bipolar y dificultades del aprendizaje en áreas específicas como lalectura, escritura o cálculo.
8- Pautas de intervención
-Los Trastornos de Conducta (T.C.), conforman un conglomerado de síntomas que van desde la desobediencia, el insulto verbal, con menosprecio de las personas, a manifestaciones comportamentales de agresividad física extrema. Se ha comentado ya la multiplicidad de factores, internos y externos, decisivos en su génesis y expresión. Hoy por hoy, el tratamiento que ha demostrado mayor efectividad, según muchos estudios, es la combinación del tratamiento farmacológico con la psicoterapia (en aquellos casos que la medicación está indicada). Se han utilizado, según la gravedad, los psico-estimulantes (metilfenidato) o anti-psicóticos. La medicación, aunque puede mejorar muchos de los síntomas positivos (impulsividad, hipercinesia, agresividad, falta de atención...) no mejora los aspectos relacionados con las habilidades comunicativas o sociales. Las técnicas cognitivo-conductuales son las más utilizadas en la modificación de comportamientos disruptivos y/o agresivos.
-La intervención es multicontextual y se aplica una vez efectuada la evaluación y el análisis funcional de la conducta o conductas problemáticas.
-La entrevista con los padres es fundamental, en un primer momento, para obtener información, pero ésta, no suele estar expresada en términos conductuales sino en términos de su propia interpretación. Puede ocurrir también que haya discrepancias entre diferentes miembros de la familia acerca del origen y/o mantenimiento del problema. Igualmente, puede darse la situación de que el niño sea etiquetado como "problemático", "gamberro", "rebelde", "no tiene respeto por nada"..., sin asumir, los padres, ningún compromiso. A estas alturas ya se habrán establecido un marco de interacciones verbales coercitivas y desafiantes entre ambos lados que llevan sólo a la perpetuación del problema.
-El niño nos aportará su punto de vista, siendo necesaria la utilización de autoregistros a la hora de analizar su conducta y obtener información acerca de sus consecuencias (positivas o negativas) o su frecuencia e intensidad. Este instrumento nos permite, además, fomentar la autoobservación y el aumento de conciencia, por parte del niño, del problema. Otra fuente de información necesaria es la del tutor o profesor, especialmente, si las conductas se manifiestan también en este ámbito.
-La intervención es multicontextual y se aplica una vez efectuada la evaluación y el análisis funcional de la conducta o conductas problemáticas.
-La entrevista con los padres es fundamental, en un primer momento, para obtener información, pero ésta, no suele estar expresada en términos conductuales sino en términos de su propia interpretación. Puede ocurrir también que haya discrepancias entre diferentes miembros de la familia acerca del origen y/o mantenimiento del problema. Igualmente, puede darse la situación de que el niño sea etiquetado como "problemático", "gamberro", "rebelde", "no tiene respeto por nada"..., sin asumir, los padres, ningún compromiso. A estas alturas ya se habrán establecido un marco de interacciones verbales coercitivas y desafiantes entre ambos lados que llevan sólo a la perpetuación del problema.
-El niño nos aportará su punto de vista, siendo necesaria la utilización de autoregistros a la hora de analizar su conducta y obtener información acerca de sus consecuencias (positivas o negativas) o su frecuencia e intensidad. Este instrumento nos permite, además, fomentar la autoobservación y el aumento de conciencia, por parte del niño, del problema. Otra fuente de información necesaria es la del tutor o profesor, especialmente, si las conductas se manifiestan también en este ámbito.
Es importante señalar también que, en algunas ocasiones, las conductas manifiestas de los niños o jóvenes obedecen a causas de tipo emocional. El abandono, los malos tratos, la falta de figuras de vinculación, las sepraciones y otros pueden estar en el origen de la conducta disruptiva siendo su causa principal o acompañando a otros factores de riesgo.
Para profundizar en estos aspectos aconsejamos la lectura de nuestra página: Trabajándo el vínculo afectivo con nuestros hijos.
Para profundizar en estos aspectos aconsejamos la lectura de nuestra página: Trabajándo el vínculo afectivo con nuestros hijos.
Los estilos conversacionales en los T.C.
-Con los niños que presentan T.C. la conversación no es fácil ni por parte de los padres, de maestros o incluso el terapeuta. Están acostumbrados a que sus intercambios verbales se realicen de una forma conflictiva, de oposición a los interlocutores. En el proceso de escolarización de estos alumnos suele producirse aquello que Tanen (1994; 2004) define como "ritualización del conflicto". Ello hace referencia a que se da una cierta cristalización de las representaciones, actitudes y presuposiciones que cada uno de los interlocutores tiene sobre el otro (niños T.C./Profesores, educadores, padres). Las propias posiciones subjetivas (los respectivos marcos de referencia personal y situacional), de los participantes los empuja hacia la confrontación. Las representaciones que tienen de sí mismos y del otro llevan a cada uno de los interlocutores a definir e interpretar la situación sobre la base de sus propias sospechas y perjuicios, percibiendo que atentan a su imagen y sentimientos. En definitiva se obstaculiza el establecimiento de bases contextuales comunes y, en consecuencia, se imposibilita la construcción de un marco de referencia compartido por las dos partes.
-Al hablar con un niño con T.C. siempre deberemos tener presente este substrato subjetivo, pues, los participantes al hablar, se comportan de acuerdo con sus interpretaciones, conocimientos y sentimientos vitales que constituyen sus marcos de referencia personal.
-Suele ser frecuente que nos encontremos con niños o niñas que no respeten una mínima estructura de participación. Voces superpuestas entre los interlocutores, interrupciones, bloqueos y rupturas que se manifiestan de muchas maneras (negativa a hablar en un primer momento, tonos de voz elevados hasta llegar a chillar, silencios.....). De esta forma se crea y se consolida un contexto de conflicto, hipotecando cualquier posibilidad de generar acuerdos y elementos compartidos. Por tanto se cierra la oportunidad a la confianza mutua.
-Así pues, el reto principal para padres, educadores o maestros será encontrar las formas y los medios mediante los cuales podamos transformar este contexto de conflicto, donde imperan los puntos de referencia de cada una de las partes, por un contexto mental donde la experiencia común sirve de base para establecer un sistema de interpretación e interacción más compartido.
-Al hablar con un niño con T.C. siempre deberemos tener presente este substrato subjetivo, pues, los participantes al hablar, se comportan de acuerdo con sus interpretaciones, conocimientos y sentimientos vitales que constituyen sus marcos de referencia personal.
-Suele ser frecuente que nos encontremos con niños o niñas que no respeten una mínima estructura de participación. Voces superpuestas entre los interlocutores, interrupciones, bloqueos y rupturas que se manifiestan de muchas maneras (negativa a hablar en un primer momento, tonos de voz elevados hasta llegar a chillar, silencios.....). De esta forma se crea y se consolida un contexto de conflicto, hipotecando cualquier posibilidad de generar acuerdos y elementos compartidos. Por tanto se cierra la oportunidad a la confianza mutua.
-Así pues, el reto principal para padres, educadores o maestros será encontrar las formas y los medios mediante los cuales podamos transformar este contexto de conflicto, donde imperan los puntos de referencia de cada una de las partes, por un contexto mental donde la experiencia común sirve de base para establecer un sistema de interpretación e interacción más compartido.
Algunas técnicas de intervención
-Independientemente de la utilización de la palabra para intentar llegar a soluciones en las manifestaciones conductuales disruptivas y dependiendo siempre, del tipo, frecuencia y magnitud de la misma, se deberá establecer un plan de intervención concreto, determinando los pasos a seguir. En los casos que el uso de la palabra está limitada o es imposible (retraso mental o cuadros asociados a síndromes genéticos que cursan con déficits cognitivos severos), la intervención será básicamente a nivel de modificación de conducta.
-Antes de proceder a la intervención se deberá haber concretado los siguientes puntos:
1º-Cual es la conducta o conductas que deben modificarse (lo que hace y cómo).
2º- Historia de la conducta disruptiva (cuando surgió, cuando se produce, duración....)
3º-Análisis Funcional. Conjunto de variables que intervienen en la emisión y/o mantenimiento de la conducta (antecedentes-consecuencias).
4º-Seleccionar metas para el tratamiento (metas generales, específicas, a corto, medio y largo plazo).
5º-Evaluar la motivación hacia el "cambio" no tan solo del niño sino también de la familia. Sus expectativas, nivel de colaboración, habilidades y recursos personales, etc...Hay que establecer sistemas de comunicación más eficaces entre las partes, evitando las interacciones coercitivas.
6º-Escoger de inicio las técnicas más simples, con alta probabilidad de eficacia, pero adaptados al funcionamiento de la familia.
7º-Plantear a la familia una explicación razonada en base a la evaluación efectuada y los principios del aprendizaje implicados en la conducta disruptiva.
8º-Establecer reuniones periódicas supervisadas por el terapeuta para analizar los cambios y la evolución del problema.
-A continuación se exponen algunas de las técnicas cognitivo-conductuales para la intervención en los Trastornos de conducta. Se expondrán de forma muy general, ya que, cada trastorno, en función de sus características, requerirá de técnicas adaptadas a las exigencias particulares del caso.
1-Moldeamiento de la conducta.
Se utiliza para incorporar nuevas conductas positivas, no presentes en el repertorio actual, y para afrontar las situaciones de riesgo con alternativas deseables. El terapeuta enseña, paso a paso, mediante aproximaciones sucesivas y refuerzo la respuesta que deseamos establecer.
2-Economía de Fichas.
Estas técnicas resultan muy útiles para el establecimiento de conductas alternativas de colaboración en casa y actividades cotidianas. Básicamente consiste en entregar reforzadores (puede ser algún tipo de ficha, moneda, etc...) cuando aparezca la conducta deseada. Posteriormente y según un plan trazado con anterioridad, se intercambiarán por un premio mayor. El principal reto de ésta técnica es que una vez retiremos los reforzadores materiales, los propios refuerzos naturales (respuesta positiva del entorno ante el cambio) lleguen a mantener por sí solos las conductas en cuestión.
3-Coste de la respuesta.
Puede aplicarse conjuntamente con la economía de fichas. Consistiría en la retirada de alguno de los reforzadores entregados contingentemente a la aparición de la conducta no deseada y previo acuerdo por las partes.
4-Tiempo Fuera.
Contingentemente a la emisión, por parte del niño, de la conducta inadecuada, se le retira del lugar o separa del grupo durante un tiempo breve (5 a 10 minutos). El adulto, cuando procede a separar al niño, debe procurar hacerlo sin violencia verbal o física y diciéndole que en cuanto corrija su actuación volverá a la situación de inicio. Esta técnica puede provocar reacciones emocionales colaterales y debe utilizarse con prudencia en función de la edad del niño y el tipo de conducta.
5-Reestructuración Cognitiva - Auto-instrucciones - Autocontrol.
Mediante estas técnicas se pretende dar un nuevo significado a las situaciones problema. Se enseña al niño a controlar y modificar las ordenes verbales interiorizadas que pueden estar formando parte de la génesis del problema. Para que el niño aprenda a comportarse de forma más apropiada necesita estar convencido de que la nueva forma de comportarse le traerá mayores beneficios.
6-La Relajación.
La relajación puede ser útil, en algunos casos, como complemento del tratamiento terapéutico. Se enseña al niño estrategias cuyos resultados contrarrestan los elevados niveles de activación fisiológica que suelen preceder a la conducta agresiva.
7-Contrato Familiar.
Especialmente útil para casos de adolescentes que viven en un constante conflicto con sus padres y otros familiares (hermanos, abuelos, etc...). Cuando las cosas están muy difíciles en las interacciones familiares, el Contrato Conductual, establecerá por escrito una serie de acuerdos, pactados de común acuerdo por las partes (adolescente y resto familia) y que regulará nuevas formas de interacción. El adolescente puede obtener así una serie de beneficios (p.e. llegar un poco más tarde el fin de semana sin recibir broncas) pero tendrá que comprometerse a mantener limpia su habitación o a estudiar un determinado tiempo. El Contrato debe especificar claramente todas estas circunstancias y deberá ser firmado por las partes, entregando una copia al terapeuta.
8-Habilidades Sociales.
El entrenamiento en Habilidades Sociales es uno de los más utilizados en el tratamiento de las conductas disruptivas y/o agresivas. Su principal objetivo es enseñar al niño conductas más eficaces que puedan ser empleadas en distintas situaciones sociales. Habilidades como conversar, relacionarse con sus iguales, expresar sus ideas, sentimientos e incluso sus quejas, puede hacerse sin utilizar la agresividad o la coerción.
9-La Intención Paradójica
-Antes de proceder a la intervención se deberá haber concretado los siguientes puntos:
1º-Cual es la conducta o conductas que deben modificarse (lo que hace y cómo).
2º- Historia de la conducta disruptiva (cuando surgió, cuando se produce, duración....)
3º-Análisis Funcional. Conjunto de variables que intervienen en la emisión y/o mantenimiento de la conducta (antecedentes-consecuencias).
4º-Seleccionar metas para el tratamiento (metas generales, específicas, a corto, medio y largo plazo).
5º-Evaluar la motivación hacia el "cambio" no tan solo del niño sino también de la familia. Sus expectativas, nivel de colaboración, habilidades y recursos personales, etc...Hay que establecer sistemas de comunicación más eficaces entre las partes, evitando las interacciones coercitivas.
6º-Escoger de inicio las técnicas más simples, con alta probabilidad de eficacia, pero adaptados al funcionamiento de la familia.
7º-Plantear a la familia una explicación razonada en base a la evaluación efectuada y los principios del aprendizaje implicados en la conducta disruptiva.
8º-Establecer reuniones periódicas supervisadas por el terapeuta para analizar los cambios y la evolución del problema.
-A continuación se exponen algunas de las técnicas cognitivo-conductuales para la intervención en los Trastornos de conducta. Se expondrán de forma muy general, ya que, cada trastorno, en función de sus características, requerirá de técnicas adaptadas a las exigencias particulares del caso.
1-Moldeamiento de la conducta.
Se utiliza para incorporar nuevas conductas positivas, no presentes en el repertorio actual, y para afrontar las situaciones de riesgo con alternativas deseables. El terapeuta enseña, paso a paso, mediante aproximaciones sucesivas y refuerzo la respuesta que deseamos establecer.
2-Economía de Fichas.
Estas técnicas resultan muy útiles para el establecimiento de conductas alternativas de colaboración en casa y actividades cotidianas. Básicamente consiste en entregar reforzadores (puede ser algún tipo de ficha, moneda, etc...) cuando aparezca la conducta deseada. Posteriormente y según un plan trazado con anterioridad, se intercambiarán por un premio mayor. El principal reto de ésta técnica es que una vez retiremos los reforzadores materiales, los propios refuerzos naturales (respuesta positiva del entorno ante el cambio) lleguen a mantener por sí solos las conductas en cuestión.
3-Coste de la respuesta.
Puede aplicarse conjuntamente con la economía de fichas. Consistiría en la retirada de alguno de los reforzadores entregados contingentemente a la aparición de la conducta no deseada y previo acuerdo por las partes.
4-Tiempo Fuera.
Contingentemente a la emisión, por parte del niño, de la conducta inadecuada, se le retira del lugar o separa del grupo durante un tiempo breve (5 a 10 minutos). El adulto, cuando procede a separar al niño, debe procurar hacerlo sin violencia verbal o física y diciéndole que en cuanto corrija su actuación volverá a la situación de inicio. Esta técnica puede provocar reacciones emocionales colaterales y debe utilizarse con prudencia en función de la edad del niño y el tipo de conducta.
5-Reestructuración Cognitiva - Auto-instrucciones - Autocontrol.
Mediante estas técnicas se pretende dar un nuevo significado a las situaciones problema. Se enseña al niño a controlar y modificar las ordenes verbales interiorizadas que pueden estar formando parte de la génesis del problema. Para que el niño aprenda a comportarse de forma más apropiada necesita estar convencido de que la nueva forma de comportarse le traerá mayores beneficios.
6-La Relajación.
La relajación puede ser útil, en algunos casos, como complemento del tratamiento terapéutico. Se enseña al niño estrategias cuyos resultados contrarrestan los elevados niveles de activación fisiológica que suelen preceder a la conducta agresiva.
7-Contrato Familiar.
Especialmente útil para casos de adolescentes que viven en un constante conflicto con sus padres y otros familiares (hermanos, abuelos, etc...). Cuando las cosas están muy difíciles en las interacciones familiares, el Contrato Conductual, establecerá por escrito una serie de acuerdos, pactados de común acuerdo por las partes (adolescente y resto familia) y que regulará nuevas formas de interacción. El adolescente puede obtener así una serie de beneficios (p.e. llegar un poco más tarde el fin de semana sin recibir broncas) pero tendrá que comprometerse a mantener limpia su habitación o a estudiar un determinado tiempo. El Contrato debe especificar claramente todas estas circunstancias y deberá ser firmado por las partes, entregando una copia al terapeuta.
8-Habilidades Sociales.
El entrenamiento en Habilidades Sociales es uno de los más utilizados en el tratamiento de las conductas disruptivas y/o agresivas. Su principal objetivo es enseñar al niño conductas más eficaces que puedan ser empleadas en distintas situaciones sociales. Habilidades como conversar, relacionarse con sus iguales, expresar sus ideas, sentimientos e incluso sus quejas, puede hacerse sin utilizar la agresividad o la coerción.
9-La Intención Paradójica
http://www.psicodiagnosis.es/areaclinica/trastornosdeconducta/trastornosconductainformaciongeneral/index.php
Consejos prácticos para preparar la entrevista con el psicologo. Los tests
No es habitual que el psicólogo te explique de antemano las pruebas que va a realizar. Consisten casi siempre sólo en tres cosas: lo que ellos llaman “entrevista semiestructurada”, la “observación de la interacción” y los test o pruebas psicométricas. No siempre siguen el mismo orden.
La entrevista simestructurada: en la jerga de los psicólogos llaman “estructurada” a la entrevista en que se sigue un cuestionario cerrado. Con los psicólogos de los juzgados nunca hay cuestionario, y en general comprobarás que el perito realiza la entrevista con un folio en blanco delante donde va anotando las impresiones que considera relevantes de lo que tú contestas, a veces entrecomillando algunas frases tuyas. No te debe sorprender que pasen varios minutos o bloques de preguntas sin una sola anotación. Tampoco te desconcierte el que no te haga caso cuando tú intentes recalcar aspectos que consideras claves en el conflicto. Antes de entrevistarte el psicólogo generalmente ha echado un vistazo al sumario y sabe de antemano en qué tres o cuatro conceptos tiene que centrarse (incomunicación, conflictividad, discrepancias pedagógicas, resistencia obstativa de la madre, etc ), por lo que te preguntará sobre todo en torno los hechos o afirmaciones tuyas que puedan confirmar en esos tres o cuatro temas sus impresiones previas sobre la custodia en conflicto. Más adelante se exponen cuales suelen ser los lugares comunes de los psicólogos contra la custodia compartida y en qué medida se pueden desmontar desde la misma entrevista.
Por otra parte, el psicólogo sabe que se le va a pedir la ratificación judicial, es decir, que aclare y confirme de palabra en el acto del juicio lo que ha escrito en el informe, por lo que siempre reconduce a términos “científicos” datos fácticos o valoraciones subjetivas que sí se le podrían discutir desde la constatación empírica o desde el sentido común. Ese proceso se materializa a través de las notas que va tomando en tu presencia, sobre las que luego redactará el informe.
La “interacción” con tus hijos: antes o después de la entrevista “semiestructurada”, el psicólogo hará pasar a los niños al despacho juntamente contigo, pero no es habitual que reúna a todos los miembros de la familia. En ocasiones los niños sólo son explorados en presencia de la madre o solos, pero no contigo o incluso no se les cita el mismo día que a tí. Este punto puede ser denunciado por tu abogado ante el juzgado, incluso antes de que se emita el informe, explicando que se ha prescindido de un elemento indiciario clave según los propios protocolos de actuación de los equipos y que el informe está de antemano viciado de nulidad.
La presencia de los niños contigo es para comprobar la “interacción”, o sea, cómo se portan en tu presencia y tú con ellos, y qué tal os comunicáis Aquí, la presión situacional condiciona la actitud de los niños: saben que les van a preguntar con quién quieren vivir, seguramente les han inducido lo que tienen que contestar, han venido al juzgado acompañados de su madre y de otro u otros parientes maternos, han perdido un día de colegio y lo han tenido que avisar a compañeros y profesores, etc. Todo lo que dicen y hacen delante del psicólogo es artificial y forzado: según no pocos especialistas esta prueba así practicada es absolutamente inútil cuando no perjudicial.
Tu actitud debe ser simplemente la de aparentar normalidad cuando los niños estén delante, sin hacer con ellos nada desacostumbrado (por ejemplo si os saludáis normalmente con un “hola” no intentes darles un beso para aparentar más intimidad). Por eso debes intentar hablar algo con ellos en la sala de espera para que ese día no te vean por primera vez delante del psicólogo, evitando cualquier reacción llamativa (por ejemplo que alguno de los niños llegue enfurruñado contra ti por haberle regañado justo antes o haberle negado un capricho). En general el psicólogo no sacará ninguna conclusión especial de este acto y se limitará a consignar en el informe que “se observa una adecuada interacción”.
Los tests:
Los tests que os obligarán a rellenar a los padres y a los niños generalmente no van a ser la base de las conclusiones que emita el psicólogo. En los protocolos de actuación de los equipos psicosociales se han generalizado estos tests por inercia con las técnicas de la psicología clínica o de la psicología laboral, para dar mayor apariencia de rigor científico a su intervención, pero es sabido por todos que los que se utilizan no están adaptados al ámbito forense y su valor indiciario es muy reducido.
En psicología hay dos tipos de pruebas: las psicométricas y las proyectivas. Las primeras sirven para medir o cuantificar en porcentajes o proporciones matemáticas un rasgo mental o de conducta, por ejemplo la inteligencia. Suelen ser cuestionarios a veces larguísimos con contestaciones alternativas o de distintas variables y su característica principal es que son cuantificables, lo que permite comparar grupos de sujetos y en teoría sus resultados son objetivos, no sujetos a la valoración personal de psicólogo.
Las pruebas proyectivas intentan descubrir aspectos de la personalidad del individuo, interpretando con criterios supuestamente científicos sus reacciones (“proyecciones”) antes estímulos predeterminados. Quizá el ejemplo más claro sea el famoso test de Rorschach, en que se le enseñan al explorado láminas con manchas de tinta amorfas. Se usan sobre todo en psicología clínica y son muy del gusto de los psicoanalistas. No son cuantificables, sino que facilitan valoraciones cualitativas sobre una u otra característica de la personalidad, y no son objetivas, sino que las conclusiones están sesgadas por la interpretación del psicólogo y por su propia pericia y nivel técnico.
En el juzgado no deberían someter a nadie a ninguna prueba proyectiva, pero tus hijos y a veces los padres seguramente las padecereis. Éstos son algunos de los tests a los que normalmente te someterán los peritos del equipo judicial:
-Cuestionario Cuida: Es un tests de personalidad dirigido sobre todo a valorar la capacidad del sujeto para asumir funciones de cuidado de otra persona. En la versión que usan en la actualidad te plantearán 189 cuestiones, redactadas en forma afirmativa en las que tienes que elegir una de entre cuatro alternativas, marcando la correspondiente casilla: “totalmente de acuerdo, bastante de acuerdo, bastante en descuerdo, totalmente en desacuerdo”. Es fácil conseguir el cuestionario porque se ha generalizado su uso en temas de adopciones, sobre todo internacionales, y está en pdf varias páginas web de asociaciones de padres adoptantes, así como también en las de familias y padres divorciados; tu abogado podrá conseguírtelo. Es importante que, tras informarte sobre él lo rellenes en casa y repases luego tus contestaciones para comprobar la imagen que das en cada uno de los temas y detectes los casos en que has incurrido en contradicciones. Esta prueba ha sido muy criticada por su sesgo exploratorio y por su fácil manipulabilidad. (En Cataluña fue prohibida su utilización en las selecciones de padres adoptantes.) El sesgo consiste en que valora con preferencia los estilos educativos permisivos, lo que condiciona su aplicación a pleitos sobre custodia. Lo cierto es que las madres suelen conseguir en este test resultados mejores que los padres en cuanto a su idoneidad como cuidadores, por lo que es muy del gusto de los equipos judiciales que tienen sus propios prejuicios sobre el tema. La manipulabilidad deriva de que las preguntas están planteadas con tal descaro que quien hace el test se da cuenta según va contestando de cuál es la respuesta preferida por quien ha redactado el cuestionario, y en teoría, cual es la que se ajusta a lo que se espera de ti social o legalmente. Para evitar contestaciones falsas, te plantean la misma cosa con pequeños matices o distintas construcciones gramaticales varias veces a lo largo del cuestionario, y en preguntas distanciadas entre sí. Es fácil prepararse para contestarlo de modo que por lo menos no se pueda sacar ninguna conclusión válida sobre la atribución de la custodia ni se detecten graves discrepancias con el estilo educativo que resulte de lo que conteste tu exmujer. Las 189 preguntas giran en torno a catorce temas que se explican seguidamente, especificando qué valora como positivo el test, para que sepas en qué sentido hay que contestar a cada uno de ellos para que el resultado del test sea favorable a tus pretensiones:
Altruismo: Se pretende que demuestres querer la custodia de tus hijos exclusivamente por afecto sin esperar nada a cambio. El cuestionario lo aplica también a otras situaciones de generosidad para con los demás.
Sociabilidad : Facilidad y gusto por las relaciones con los demás.
Capacidad de establecer vínculos afectivos o de apego: Un paso más que lo anterior, o sea, no solo relacionarse socialmente, sino tener sentimientos hacia los demás.
Apertura: Aceptar, a tus hijos y a los demás, como son y no como a ti te gustaría que fueran.
La empatía: Ponerse en lugar del prójimo, respetando que sea como es.
Asertividad: Saber expresar lo bueno y lo malo y aceptar que te lo digan.
Capacidad de resolver problemas: Se espera de ti que los abordes sin echarte atrás, sepas plantear distintas maneras de resolverlos y tengas constancia en buscar la solución.
Reflexividad: Pensar y escuchar antes de decidir y de ejecutar decisiones.
Independencia: Decidir por ti solo sin tener que buscar siempre la protección de otros.
Equilibrio emocional: Saber controlar tus nervios, sobre todo frente a los problemas.
Flexibilidad: Estar dispuesto a adaptarse a situaciones cambiantes.
La tolerancia a la frustración: No hundirse cuando no has conseguido lo que pretendías o te ilusionaba.
La capacidad de resolución del duelo: Una variante de la anterior en terminología típica de cierta concepción de la psicología.
Autoestima: Valoración de ti mismo. Debe ser alta, se supone que para estar en condiciones de transmitir valores e ideas a tus hijos. Una falsa modestia al hacer el test inducirá al psicólogo a considerar tendencias depresivas o suicidas, adicciones, o bipolaridad, quizá por no haber habido asumir el fracaso de tu matrimonio.
- El Inventario Clínico Multiaxial de Millon, MCMI-III, (se pronuncia “test de mílon”): Es un instrumento característico de la psicología clínica que está diseñado para detectar psicopatologías y, esencialmente, para decidir acerca del tratamiento que hay que aplicar a personas con graves problemas emocionales o de conducta, que suelen estar ya en psicoterapia al hacer el test. Desde luego no es un instrumento de personalidad general y escandaliza a los profesionales de prestigio que su utilización se haya generalizado por parte de los equipos psicosociales en los pleitos sobre custodias, entre otras cosas porque el obligar a hacerlo en el juzgado a quien realmente padece patologías psiquiátricas le resta valor para futuras terapias.
Son 175 preguntas para contestar sólo con alternativa de verdadero o falso. Pretende detectar cuatro concretas alteraciones de personalidad (esquizoide, antisocial, agresivo y autodestructivo) y cinco síndromes clínicos de ansiedad (alcoholismo, abuso de drogas, pensamiento psicótico, depresión mayor y trastorno delirante). Quizá tu mayor preocupación debe ser la de superar la indignación sin exteriorizarla ante el psicólogo por tener que contestar semejantes impertinencias, de las que puedes deducir que desde la administración de Justicia se sospecha de tu salud mental sólo por el hecho de querer convivir con tus hijos pese a estar divorciado. La manipulabilidad del cuestionario es aún mayor que en el anterior, y lo puedes conseguir desde las asociaciones cívicas de familias y padres. Por eso no hacen falta instrucciones especiales: a la inmensa mayoría de preguntas hay que contestar “falso”. Puede ser conveniente que tu abogado plantee ante el juzgado o ante los mismos peritos en la ratificación judicial la absoluta inadecuación del test para la finalidad perseguida; le será fácil conseguir escritos doctrinales y científicos en apoyo de esta tesis.
Los tests para los niños.- Para salvar la apariencia científica de los informes de los equipos psicosociales respecto de los niños, la observación y la entrevista semiestructurada se quedan claramente cortos incluso desde los parámetros de de los propios peritos judiciales. Por supuesto, los dos peritos mantendrán alguna conversación con tus hijos, generalmente juntos para que se apoyen entre sí y se sinceren más, y muchas veces a solas, sin que haya manera de comprobar si lo que recogen en el informe es realmente lo que los niños han dicho. Pero difícilmente utilizarán sus manifestaciones como argumento principal o único de las recomendaciones finales.
Por eso, además de las simples manifestaciones de los niños los psicólogos suelen someterlos a uno o varios tests, algunos de carácter proyectivo, consistentes esencialmente en ponerlos a dibujar.
El peligro de los test de los dibujos es que al ser pruebas proyectivas, su valoración es predominantemente subjetiva por parte del psicólogo, lo que da margen a que refleje sus propios prejuicios científicos o ideológicos, o se deje llevar por la misma presión del entorno judicial sobre el propio perito en contra de las pretensiones de los padres y de la custodia compartida. Por eso, desde el punto de vista procesal y en tanto se modifica la legislación sobre este tema, quizá sea más práctico que discutir en juicio el valor de estas prueba o la manera de practicarla de ese concreto perito, el anticiparse a desmontar el valor de la misma desde los mismos parámetros supuestamente científicos que utilizan los psicólogos. A continuación van algunas sugerencias en relación a las tres pruebas más habituales.
El test de la familia de Corman: Se trata de pedirles a los niños que pinten no concretamente su familia, sino “cualquier familia”, tranquilizándoles con que no hace falta que salgan bien. Al final les preguntarán qué es lo que han pintado, quién es cada uno de los personajes, dónde están y por qué alguno no sale. Hasta los niños más torpes saben por supuesto que les están pidiendo que pinten a su propia familia y que están en ese sitio por problemas de sus padres. La prueba es artificial, inadecuada y por supuesto manipulable.
Los psicólogos interpretan el dibujo del niño con los siguientes criterios: Si el padre no sale en el dibujo, aparece en segundo plano, le ha pintado más pequeño, menos detallado o con los rasgos menos marcados, está aislado del grupo, le ha pintado solo con lápiz sin colores o con colores distintos de los del grupo, es porque en la percepción del niño su padre es un personaje desvalorizado. El psicólogo interpretará especialmente en contra tuya que el niño pinte una casa en la que la madre y los hermanos están juntos fuera de ella y el padre no aparece. Si utiliza líneas curvas y variadas al dibujar un personaje, es porque le quiere y valora más que si usa líneas rectas y angulares. La parte del folio en que el niño dibuje y la proporción que ocupe expresa sus sentimientos: lo que pinta arriba son sus ilusiones y sueños, lo que pinta abajo indica temor y depresión; lo que pinta a la derecha expresa el futuro, esperanza en el porvenir, lo que pinta a la izquierda expresa el pasado. Si los dibujos son grandes es síntoma de vitalidad y extroversión, si son pequeños, de timidez; si los trazos son fuertes, de liberación o a veces de violencia, si son débiles de inhibición. Si todas las figuras son simétricas o se repiten personajes, es que el niño está oprimido por la presión de reglas que le hacen inhibir su espontaneidad, te lo podrán interpretar como indicio de que el niño padece un “estilo educativo represivo”.
Es ocioso decir que dos divertidas tardes de emborronar folios en compañía de tus hijos permitirá adaptar su iconografía familiar a las preferencias de los psicólogos. Acudirán al juzgado sabiendo cómo tienen que pintar a su familia, y generalmente reconocerán al psicólogo que ya la han pintado antes muchas veces, con lo que el valor como prueba queda seriamente devaluado.
Parecidos son otras dos pruebas proyectivas, de raiz psicoanalítica y por tanto, de valor científico muy discutible y radicalmente inadecuados para la práctica forense.
El garabato de Winnnicot consiste en proponer al niño un juego consistente en que pinte lo que le dé la gana, a veces continuación de una raya que ha empezado el propio psicólogo, con la idea de que proyecte sus intimidades psíquicas a través del dibujo que salga. Tal como fue ideada la prueba exige un nivel de confianza con el entorno y con el explorador que jamás se da en un juzgado.
Para desmontar su supuesto valor indiciario basta con advertir al niño de que se lo van a hacer y repetirlo algunas veces en casa, hasta que se canse del juego y lo rechace, o automatice uno o varios dibujos de referencias concretas y sugeridas por ti o tu entorno. Por ejemplo, decirle que la raya que tú empiezas a pintar es la cola de un ratoncito que él debe terminar (lo que no es fácil para un niño), hasta que lo repita con resultado satisfactorio.
El test de Rorschach (se pronuncia “ror-saj”) consiste en enseñar al explorado diez láminas (se encuentran con facilidad en internet las más usadas) aproximadamente simétricas con manchas de tinta de aparentemente amorfas y preguntarle qué es lo que ve. Es una prueba muy conocida popularmente por haber salido en algunas películas famosas y es de las más desprestigiadas de entre todas las aportadas desde el no menos desprestigiado psicoanálisis. Es inadecuado aplicarlo a niños y carece de valor practicada segundas o posteriores veces. Desconcierta especialmente a los psicólogos decir que sólo se ven “mariposas raras” o “vertebras de animales”. Basta realizarlo una vez en casa con los niños sugiriendo interpretaciones para quitarle todo valor como prueba: la rechazarán enseguida porque termina siendo aburrida para ellos.
Test TAMAI: Test Autoevaluativo Multifactorial de Adaptación Infantil. La única prueba psicométrica que los equipos psicosociales suelen practicar a los niños es el llamado test Tamai. Está diseñado para el contexto docente y su aplicación al ámbito forense de las disputas por custodias es impugnada por especialistas. La preparación a los niños para este test puede ser importante porque el cuestionario está diseñado de tal modo que al realizar la prueba afloran sistemáticamente lo que los psicólogos llaman “discrepancias pedagógicas” entre los dos progenitores. Se trata de un constructo sobre el que los detractores de la custodia compartida suelen cimentar su recomendación contraria, en base al argumento de que tales diferencias revelan una incompatibilidad irreconciliable entre los estilos educativos de ambos.
Hay primero 105 preguntas en las que el niño debe contestar “si” o “no”, por ejemplo “me gustaría tener menos edad” (pregunta 1), o “me gustaría nacer de nuevo y ser distinto de como soy”” (pregunta 2). En este bloque se pretenden detectar problemas relacionados con tres posibles entornos de inadaptación del niño: inadaptación personal, (falta de autoestima, depresión, somatización de problemas de salud), inadaptación escolar (indisciplina, rechazo al centro, a los profesores o al aprendizaje) o inadaptación social (agresividad, rechazo a las normas, introversión).
La parte que suele fundamentar más informes periciales contrarios a la custodia compartida, y la razón por la que es útil para los Equipos Psicosociales, se encuentra en las 69 preguntas finales, las números 106 a 175, que se refieren a la situación familiar del niño. Empieza esta parte preguntándole por los hermanos y padres y con quién vive; a partir de ahí las preguntas 116 al final están planteadas para comparar las opiniones del niño respecto a la manera en que le educa su padre y su madre. Por ejemplo, la pregunta 116 dice “Me trata muy bien, como a una persona mayor” y las opciones son “Mi padre: sí-no”. “Mi madre: sí-no”. Con ello se intenta comparar los estilos educativos del padre y de la madre, en especial desde el nivel de aceptación del niño respecto cada uno de los dos, o sea, inducirles a que se chiven de sus críticas a sus padres sin tener que verbalizarlas. Se repiten preguntas con escasas variantes para detectar contradicciones o contestaciones inducidas, y se agrupan los resultados para su análisis informático en torno a los siguientes criterios: Educación asistencial frente a educación despreocupada; personalizada frente a impersonal; y sobre todo, educación permisiva frente a educación restrictiva, perfeccionista y punitiva.
Es unánime la opinión de los especialistas acerca de que el cuestionario está sesgado a favor de los estilos educativos permisivos, mayoritariamente aplicados por las madres incluso en las situaciones de normalidad familiar. Es decir; las preguntas inducen al niño a contestar más críticamente en contra de los estilos que valoran más la autoridad, el esfuerzo, o el castigo siquiera ocasional, que son generalmente las de los padres, y cuyo sesgo negativo contra éstos (contra los progenitores varones) se acentúa si los niños han presenciado discusiones entre los padres por discrepancias educativas. Por ejemplo, la pregunta 122 es “Me castiga o me riñe pocas veces, cuando es necesario”, estimula que se conteste en sentido de adjudicar a uno sólo de los dos padres el estilo más benévolo en la aplicación de correcciones, generalmente a la madre; pero la pregunta 140 le deja todavía menos margen para equiparar subjetivamente los estilos de sus dos progenitores, máxime si no viven juntos, al preguntar “MUY pocas veces me castiga o riñe”. Por si acaso quedaba algún margen para que el niño pudiera hablar bien de sus dos padres, se le ofrecen varias preguntas en las que, si uno de los dos progenitores no ha sido tachado antes de autoritarismo, el psicólogo pueda interpretar su benevolencia como desinterés.- Asi la pregunta 156 es ”Me hace poco caso cuando yo hablo”, la 158 “Habla poco conmigo” y la 172, el paroxismo de la ambigüedad interpretable en contra de uno de los dos “Es serio conmigo” (con el agravante de que es la única de las 175 en que la pregunta contiene un adjetivo expresado sólo en género masculino, o sea no pregunta “es seria conmigo” o “es serio o seria conmigo”…).
El cuestionario es de fácil acceso en internet, entre las asociaciones cívicas, a través de tu abogado e incluso a través del personal docente no necesariamente psicólogos, pues es de uso común en gran parte de los centros educativos de enseñanza primaria.
Es importante, especialmente si se cumplen todos lo demás parámetros para la custodia compartida, que tus hijos estén preparados de antemano para responder al cuestionario: esta prueba puede ser el último obstáculo que se plantee en éste ámbito para impedirte vivir con tus hijos. Tras hacerte con el cuestionario, se les debe plantear a los niños el responderlo como un juego o un entretenimiento, y permitirles que lo hagan solos y con la máxima espontaneidad, sin que teman tu disgusto aunque las contestaciones te dejen en mal lugar. Se le debe quitar importancia y formalidad al hecho, sin presionarles si no quieren hacerlo o lo dejan a medias, y una vez rellenado, no recogerlo de donde lo hayan dejado hasta después, restándole confidencialidad y secretismo.
Debes revisar las contestaciones, si es posible con la ayuda de un profesional, y detectar las contestaciones que podrían usar en el juzgado para dictaminar contra la custodia compartida. Sería ideal que tu hijo terminara contestando igual a todas las preguntas respecto del padre que de la madre, lo que desmontaría la posibilidad de los peritos de esgrimir el argumento de las diferencias pedagógicas. Pero aunque éstas existan, en todo caso se deben agrupar las contestaciones por temas, y con delicadeza, sugerirle que te explique todas aquellas contestaciones en que tú has quedado mal. Al principio es conveniente hacerlo sin relacionarlas con el propio test, y cuando estén detectados los problemas puedes incluso señalarle las contestaciones concretas de dónde has deducido cómo piensa, siempre sin el más mínimo indicio de crítica o censura.
Algunas de las críticas responderán a la técnica de inducción que preside el cuestionario. Por ejemplo, si ha dicho que sólo su padre “es serio conmigo”, ha podido querer decir que sólo es un poco más serio que su madre, o significar serio no como antipático o distante sino como alguien que siemprecumple sus promesas, tanto de castigos como de premios. Otras contestaciones exigirán un esfuerzo de comunicación por tu parte, quizá prolongado en el tiempo, para desmontar malentendidos y agravios comparativos con su madre. En otras ocasiones, las contestaciones habrán servido para detectar verdaderos problemas de relación personal, no necesariamente provocados por el divorcio, que deberán implicar cambios en la relación con tus hijos, tanto conectadas con el inmediato trámite judicial, como otros de carácter definitivo. En todo caso es conveniente repetir con algún tiempo de distancia otra vez la prueba, trivializándola una vez más y si es necesario vinculándola con algún premio o estímulo positivo. Eso te permitirá comprobar el alcance de las correcciones que hayas introducido, y para cuando tenga que hacer el test en el juzgado, les habrá alertado contra la técnica inductiva del cuestionario.
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