lunes, 1 de diciembre de 2014

EL DIVORCIO CON HIJOS Y EL PROCESO JUDICIAL

A modo de curiosidad, a la misma vez que admiración hacia los países anglosajones, tengo que aplaudir el hecho de que en estos países la mediación se emplee principalmente en conflictos familiares, en cambio, en España las técnicas de mediación, se han centrado hasta el momento en conflictos laborales e interculturales.

El proceso de divorcio: la decisión de divorcio es una posible solución a una serie encadenada de crisis y situaciones de malestar que sufre la pareja, en la que existen estados efectivos intensos que se prolongan en el tiempo, a veces durante años.

Según el modelo de Kaslow (1984), las fases en el proceso de divorcio son las siguientes:
  • Pre-divorcio: divorcio emocional.
  • Durante el divorcio: divorcio legal-divorcio económico-divorcio co-parental y problemas de divorcio de comunidad.
  • Post-divorcio: divorcio psíquico.
La evaluación de la custodia de los hijos tiene lugar en la segunda fase de este proceso, pero esto no significa que se haya resuelto la fase de divorcio emocional, y de hecho en la práctica se constata continuamente que cuando existe la disputa por la custodia, los padres aún están implicados emocionalmente en los conflictos de pareja, los cuales traspasan los límites de ésta e interfieren en muchas ocasiones en sus funciones como padres. Nos encontramos en estas situaciones padres que se pelean entre sí, deteriorándose las funciones parentales conjuntas y de cooperación para el desarrollo positivo de los hijos.

Un divorcio menos conflictivo sería aquel en el que el sistema de las relaciones familiares se va reestructurando; hay un cambio en la nueva organización familiar a la que sus miembros se van adaptando progresivamente y regulando de nuevo sus relaciones.

Pero cuando los padres no han resuelto bien su divorcio emocional, o éste influye en sus funciones coparentales, se producen conflictos que en la mayoría de los casos canalizan a través de los hijos, surgiendo, entre otros aspectos, las disputas por conseguir su custodia y las dificultades para llegar a la reorganización de unas relaciones que favorezcan el desarrollo de los hijos. Lo que se nos presenta es una situación muy conflictiva.

El proceso judicial: es un procedimiento legal que transcurre en una serie de fases (demanda, contestación a la demanda, período de prueba) con un dictamen judicial final. Este proceso se interrelaciona con el proceso psicológico de divorcio (M. C. Bellido y otros) interfiriendo en éste de manera importante y agudizando las tensiones psicológicas que la pareja viene arrastrando a lo largo de su ruptura.

En el proceso jurídico cada uno de los padres intentará defender sus derechos y aportar todos los datos que dispongan para presentarse al juez -y al psicólogo- como el padre más idóneo, con el fin de conseguir la custodia de sus hijos.

El proceso de evaluación psicológica en este contexto se hace muy complejo; cada uno de los padres se presenta con una serie de actitudes y motivaciones, conscientes e inconscientes (naturales por otra parte) en defensa de sus derechos, que dificultan la evaluación, intenta que el psicólogo -y el juez- se inclinen a su favor. Entre las actitudes que se observan frecuentemente estarían:

  • El encubrimiento, expresando una elevada motivación para hacerse cargo de los hijos, de otro tipo de intereses, como los económicos.
  • La desvalorización de la otra parte para aparecer como el padre más idóneo.
  • La manipulación, explícita o implícita, de los hijos, para que éstos se alíen con uno en contra del otro padre.
  • El deseo de tener consigo a los hijos para satisfacer sus propias necesidades psicológicas; deseo del que pueden no tener conciencia.
También hay que considerar la imagen contraria, es decir, aquellas dificultades o déficits de los padres que les hagan presentarse como menos idóneos para encargarse de los hijos, y que no por eso anulan su capacidad como padres.

Elena Ibáñez y A. Avila (19990) hablan de los déficits que pueden observarse en la idoneidad de los padres durante la evaluación psicológica. Siguiendo a Grisso (1986), enumeran algunas causas posibles de estos déficits, las cuales también pueden sesgar los datos:

  1. "Factores de estrés situacional, asociado a sucesos particulares, muchas veces aquellos que tienen que ver con la crisis de separación o divorcio.
  2. Estrés producido por las exploraciones psicológicas sociales, que altera la presentación de conductas y recursos de los padres.
  3. Efecto de la ambivalencia que los padres pueden sentir respecto de la decisión de custodia; ambivalencia que puede considerarse natural y esperable.
  4. Bajo rendimiento en las exploraciones o en su habilidad para presentarse como buenos padres, por carencia de información o de habilidades de comunicación.
  5. Por efecto de alteración, o déficit mental, trastornos de personalidad o conducta, que alteren, limiten o distorsionen su capacidad como padres, pero no tienen por qué anularla.
Aunque parece necesario considerar estos aspectos, la labor de los peritos está fundamentalmente centrada en la defensa de los intereses de los hijos, valorando sus necesidades y la forma en que éstas van a cubrirse mejor dentro de un sistema familiar que está en proceso de reorganización de sus relaciones.

El instrumento técnico del que se sirve el psicólogo para delimitar el camino por el que ha de transcurrir el proceso de evaluación psicológica es el encuadre.

F. Granados (1990) define el encuadre refiriéndose a los peritajes de familia como "el conjunto de constantes, gracias a las cuales puede tener lugar el proceso psico-diagnóstico. Evitar interferencias, malos entendidos, prejuicios...". El psicólogo va a permanecer neutral a ambas partes y se va a centrar en las necesidades de los hijos y en el sistema de relaciones que les permita a éstos el acceso a ambos padres. En este aspecto, C. M. Días Usandivaras (1986) habla de que el poner el foco en los intereses del niño tiende a unificar y totalizar más la situación.

El proceso de evaluación incluye realización de entrevistas, individuales y conjuntas, aplicación de pruebas, entrevistas de devolución de los datos, así como los límites de la confidencialidad y sobre la exigencia legal de realizar un informe que facilite al juez su toma de decisión.

Respecto de "a quién" debe hacerse el encuadre, se plantearían varias líneas de actuación dependiendo de si el abordaje va a ser desde lo individual, incluyendo entrevistas conjuntas con los distintos subsistemas familiares, o conjunto, citando a la primera entrevista a todo el grupo familiar. Si el abordaje es individual, el encuadre deberá ser el mismo para cada una de las partes, de forma que el proceso transcurra dentro de los mismos cauces y con las mismas constantes.

El abordaje desde el grupo familiar tendría la ventaja de que la realización del encuadre se haría a todos los miembros de la familia en el mismo momento, con lo cual quedarían eliminadas muchas variables que se derivan de las actitudes que cada una de las partes presenta para dar buena imagen al profesional.

Reflexión: cada vez son más los padres que recorren los pasillos de los Juzgados, cargando las copias de sus expedientes y la esperanza de que la Justicia les permita ejercer la paternidad que les fue negada. Ellos exigen ser padres, con la amplitud que abarca el rol actualmente; ya no se conforman con el pago de la cuota alimentaria; quieren participar de la crianza, el crecimiento, la cotidianidad y decidir sobre la educación de sus hijos.

El padecimiento que genera a los padres el ser privados del contacto con sus hijos, se acompaña del abandono de muchos compromisos laborales para dedicarse exclusivamente a esta lucha que se libra en el ámbito de la Justicia, y que tiñe toda su realidad emocional y familiar. 

Los padres necesitan a sus hijos así como los hijos necesitan a sus padres, en un vínculo de apuntalamiento mutuo. El alejamiento forzoso e injustificado de los hijos, que puede durar toda la vida, genera una experiencia de robo sin consuelo.  No se quieren perder la paternidad, les parece una injusticia atroz. No hay nada peor que un padre ausente.

Toda esta experiencia, así como el no sentirse escuchado, con lo que ello implica, lleva a que surja otra lucha paralela, la gestación de un libro con toda su historia en miles de páginas escritas contando su experiencia.

Lo más doloroso es ver que pasa el tiempo, que tu hijo crece y no saber qué pasa en él detrás de escena, en todo aquello que se pierde. Lo que saben es que no estuvieron ahí, que no le dejaron estar. Además son tiempos que no se pueden recuperar".

Así ocurre que en los casos de madres que están muy mal, son los asistentes sociales, la justicia y otros los que se encargan de sus hijos, mientras que el padre solo le permiten ser un espectador de cómo se derrumba todo.

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